domingo, 15 de mayo de 2011

Héroes de Lorca.

A Miguel Martínez, policía nacional, el segundo terremoto, el más fuerte, le sorprendió apenas a unos metros de su casa, en el lorquino barrio de La Viña, el mas afectado. Aunque no estaba de servicio, se incorporó inmediatamente a su trabajo y se puso a las órdenes del Cuerpo tras el primer seísmo. No sabía que lo peor estaba por venir. A las 18.47 horas, el suelo tembló unos segundos y llegó el caos. Un edificio de tres plantas se desplomó en la calle Infante Juan Manuel y atrapó en su interior a dos familias. Las columnas de humo manchaban ya el cielo.



- Oímos llorar a un niño -dijo.



Tras el seísmo, este joven agente se tropezó de bruces con la disyuntiva de tener que elegir entre el dictado de su corazón y el del deber. Su familia, que no sabía si estaba sana y salva, vive apenas a unos metros del lugar en que se encontraba, muy cerca del bar La Viña, donde falleció el joven de 13 años. Podía llegar a ellos con sólo cruzar la calle. En el otro lado de la balanza particular de este agente, una montaña de escombros clamaba a gritos ayuda. La vocación le pudo. Hundió las manos en el montón de piedras y comenzó a excavar.



- Cuando estás en algo así sólo piensas en auxiliar a la gente. Es lo primero.



Con su heroica decisión, a la que él apenas da importancia, Miguel logró rescatar a una pareja y a tres niños, uno de ellos con síndrome de down. Dos de los pequeños eran los hijos de Antonia Sánchez, la mujer que perdió la vida al quedar atrapada bajo el edificio. Este policía puso al niño menor, Sergio, de 3 años, en los brazos de María José Carrillo, la médico del O61 cuya fotografía ha dado la vuelta al país.



- No le dije nada al niño porque en esos momentos sólo piensas en dárselo a los médicos y seguir buscando a gente.



Tras el rescate de los pequeños, Miguel y sus compañeros Ramón García y Andrés Martínez continuaban escuchando gritos y siguieron retirando escombros.



- Había tres personas más: una madre, un padre y un niño con síndrome de down -relata Andrés, el más veterano.



Tras unos minutos de arduo esfuerzo, los agentes lograron rescatar a la familia. El niño fue el primero en salir. Más tarde, lo hicieron su padre y su madre. Estaban sanos y salvos. Con la satisfacción del deber cumplido, Miguel pudo telefonear a su familia y respiró aliviado cuando se enteró, por fin, de que estaba entera.



También sus compañeros Andrés y Ramón trabajaron a ciegas en las tareas de rescate sin dejar de pensar en cómo estarían sus propias familias.



- Yo tengo tres hijos, dos de ellos menores, y pensaba mucho en ellos -reconoce Andrés. He vivido inundaciones, pero nunca nada así. Daba miedo.



El propio jefe superior de Policía, Carlos Llorente, reconocía y agradecía ayer el trabajo de muchos agentes que, dejando atrás sus casos personales, se han dejado la piel en ayudar a la recuperación de Lorca.



- Que en una situación como ésta no se haya producido ningún saqueo es todo un logro -dijo. Ese logro se debe, en parte, a la labor de estos valientes a jornada completa.



Es el caso también del inspector Juan Manzano que, pese al estado de ruina en que ha quedado su vivienda de San Diego, donde se derrumbó el campanario (campana incluida), se ha mantenido tres días al pie del cañón.



- He dormido dos horas en el camión y no he podido ni ducharme  -asegura, sin perder un ápice de su buen humor. Llamé a mi mujer, me dijo que ella y mi hijo estaban bien y me puse a trabajar.



Pedro Montiel, jefe de la Brigada Provincial de Policía Judicial y lorquino, trabaja en Murcia, pero tuvo que enfrentarse a la difícil tarea de “levantar” los cadáveres. Tras el primer terremoto, telefoneó a su mujer y comprobó que todo en casa estaba bien. Tras el segundo seísmo, el colapso telefónico le impidió respirar aliviado. Pedro, como sus otros compañeros, siguió la llamada del deber.



- Yo tengo un niño de la edad del fallecido y la verdad es que hay que hacer de tripas corazón -explica este mando, cuya familia reside en el barrio de San José.



Su labor se prolongó hasta bien entrada la noche y no estuvo exenta de peligro.



- A las diez y media estábamos en la Calle Galicia y nos pilló una réplica -relata. Tuvimos que salir todos corriendo porque seguían cayendo cornisas.



A Pedro, como lorquino, el trabajo de estos días le ha resultado especialmente duro.



- El resto de compañeros ven aquí una ciudad derruida, pero yo lo que veo son todos mis recuerdos... por los suelos.


1 comentario:

McMurphy dijo...

Un abrazo muy fuerte,amigo mio y gracias por estas cronicas que nos acercan al dolor compartido.