sábado, 16 de enero de 2010

¡Que difícil es la convivencia!


Está claro que la convivencia ocupa todo nuestro tiempo. Se convive con uno mismo, con la familia, con los amigos, con la gente más cercana… con todo el mundo.

Pero, eso si, todo con mucho tacto, que las cosas no están como estaban ni son lo que eran, pues hoy no todos somos iguales, ¿o si lo somos? Es una cosa que dudo, es mas, estoy convencido de que no, aunque nos lo hagan creer, pues hacen parecer lo que quieren y les interesa, depende de quién nos lo diga.

Pero es más que evidente que la convivencia es, en muchas ocasiones, problemática. Cada uno es cada uno, y tiene sus cadaunadas. Hace falta que impere la buena voluntad y el raciocinio, para que la convivencia se desarrolle por los cauces normales, que sería lo deseable en cualquier circunstancia. Y el amor, en todas sus variantes.

Existe una historia sobre esto, que voy a contar.

Dos hermanos que vivían en granjas contiguas, tuvieron un conflicto.

Era el primer problema serio que tenían en 40 años de cultivar juntos, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes de forma continua.

Esa larga y beneficiosa colaboración terminó un día. Todo comenzó con un pequeño malentendido, que fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia muy grande entre ellos, y que explotó en un intercambio de palabras hirientes, seguido de semanas de distanciamiento y silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Juan, el hermano mayor. Al abrirla encontró un hombre con herramientas de carpintero.

-Estoy buscando trabajo por unos días, -dijo el carpintero. Quizás usted necesite hacer algunas pequeñas reparaciones en su granja, y yo pueda serle de ayuda.

-Sí, tengo un trabajo para usted, -dijo Juan. Mire al otro lado del arroyo, aquella granja, ahí vive mi vecino… bueno, de hecho es mi hermano menor. La semana pasada había una llanura entre nosotros, pero él cogió su excavadora y desvió el cauce del arroyo para que nos separara. Seguro que lo hizo para cabrearme, pero yo le voy a hacer una más gorda. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más.

- Creo que comprendo su situación –dijo el carpintero. Dígame donde están los clavos y la pala y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho.

El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja para ir por provisiones al pueblo, eso le llevaría el resto del día. El carpintero trabajó duro midiendo, cortando y clavando.

Estaba oscureciendo cuando el granjero regresó. El carpintero acababa de terminar su trabajo.

El granjero quedó con los ojos completamente abiertos de sorpresa. No había ninguna cerca de dos metros. En su lugar había un puente, un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte, incluso con pasamanos.

En ese instante, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a Juan le dijo: “Eres una gran persona, ¡mira que construir este hermoso puente después de lo que te he hecho y dicho!”.

Estaban reconciliándose los dos hermanos cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas y se marchaba.

-¡Espera! -le dijo el hermano mayor. Quédate unos cuantos días, tengo bastante trabajo para ti.

-Me gustaría quedarme -dijo el carpintero-, pero tengo muchos puentes que construir.

No es malo, de vez en cuando, dejar a un lado las pasiones políticas, las críticas efímeras y las decepciones que procuran los hombres y sus actos, y resumir el ánimo en lo verdaderamente importante, lo que está ya ante nosotros y que muchos no advierten.

En fin, no guardes resentimientos. En lugar de ello, construye caminos y puentes de paz, de amor, y podrás ser feliz y hacer felices a los demás.

Disfruta así de la vida, merece la pena.

7 comentarios:

Emperador dijo...

Una bella historia, Imper. Es mejor unir que separar. Véase, por ejemplo, en el caso de la política lo bien que nos ha ido con las nefastas autonomías.

Y en la vida igual. Nos podremos enfadar con nuestro allegados pero siempre que hay que volver a la unión. Los lazos de amor y amistad son los que mantienen vivo el mundo.

Un abrazo.

José Cemec dijo...

Buenas noches amigo Imper.

La convivencia está llena de obstáculos que se nos ponen en el camino y que tenemos que ir quitando a lo largo de nuestra vida si querremos a esas personas.

No obstante hay un gran enemigo que impide que esa convivencia sea cordial y feliz, la importancia personal. Cuando nuestra importancia personal se ve afectada actuamos sin tener en cuenta que es más importante la amistad y el amor que el amor propio. Por eso Jesús dijo lo de poner la otra mejilla.

Cuando se es joven se tiene mucha importancia personal, pero con los años nos damos cuenta que lo que de verdad importa es la felicidad y esta sólo podemos conseguirla compartiendo con los demás.

Un abrazo.

Cualquie dijo...

Hola, Imper. traes un tema que me toca de cerca y te lo voy a comentar sólo aquí.
Ya sabes que mi hermano hizo que le avalará; tenía un año para ir pagando el aval, no pagó ningún mes y encima me hizo una jugarreta para que pagara también los intreses que había generado el aval; y ya sabes cómo me quedé o me he quedado, con una mano detrás y otra delante. Vivimos en la finca de mi madre en dos casas que están a menos de 100 metros -porque el se metió en su casa al morir ésta- y ni nos vemos desde que pasó aquello, ni en Navidad ni nada.
Bueno, que me ponog a contar y no acabo, y ya he puesto un post demasiado largo hoy.
Un abrazo bien fuerte.

PRIMEROABRIL dijo...

Hola Impertérrito,

Está bien lo de acercar posturas y crear puentes. Eso en política es algo muy habitual y la manera de no cerrar ninguna puerta del todo. Lo malo de las relaciones humanas es precisamente la falta de comprensión, el no ponerse en el lugar del otro y en permanecer ciegos y sordos a todo lo que no sea nuestra propia intransigencia.


Un fuerte abrazo

Persio dijo...

¿Ese carpintero no se llamaría Jesús?

Yo también me alegro de haberte reencontrado en blogger.

Un abrazo

carlos de la parra dijo...

Hermoso lo del puente.Por publicar ésto,con sus palabras ha colocado usted también un puente;llamaré a mi hermano un día de éstos.

Lydia dijo...

Tambien a veces creamos puentes pero el otro no los vé o no quiere verlos. No pasa nada. Seguimos creando puentes, pase lo que pase. Qué hacer si los otros no le dan importancia al puente, al lazo, a la unión? A veces es importante ver que quizas hay que separarnos y cambiar de camino, tampoco nadie puede estar obligado a aceptar un puente.

La amistad, el amor, son virtudes que hay que trabajar, piden implicación, don, voluntad. Muchos no lo ven así, y asi las amistades se pierden. No le podemos hacer nada. Tenemos que aceptar tambien que hay puentes que no sirven para nada.

Me ha gustado mucho tu cuento.

Un abrazo,